Activo cultural y valor económico creciente

Colaboran

Fundación San Millán de la Cogolla

San Millán de la Cogolla, La Rioja - España
del 26 al 29 de octubre 2006

I Acta Internacional de la Lengua Española
Activo cultural y valor económico creciente

San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad y Cuna de la Lengua Española (*)

La defensa del idioma Español es uno de los símbolos de identidad de Logroño (La Rioja).

Desde la terraza del monasterio de Suso se contemplan las obras de restauración del monetario de Yuso.

En este pequeño Monasterio de Suso nació el idioma español hace unos mil años.

El recuerdo de épocas pasadas se nota en los muros del monasterio de Yuso.

El monasterio de Suso, enclavado en las montañas de San Millán de la Cogolla, era un importante centro medieval de transcripción de textos religiosos.

La Hospedería del Monasterio de Yuso, en cuyas salas se reunieron varias mesas de análisis de la I Acta Internacional de la Lengua Española,  recibe cada año centenares de visitantes de todo el mundo.

 

Imagen del monasterio de Yuso.

El Códice 60 continene anotaciones al margen en español arcáico y algunas palabras en vascuence.

Los Monasterios de Suso y Yuso de San Millán de la Cogolla (La Rioja) fueron declarados en 1997 Patrimonio de la Humanidad. Este galardón viene avalado tanto por razones históricas, artísticas y religiosas, como por razones lingüísticas y literarias. Sin duda, estas últimas han forjado la personalidad histórica de esta tierra como "cuna" de un hecho trascendente: la importancia universal del idioma que entre los muros de Suso dio sus primeros balbuceos.

Ninguna otra lengua conocida, de extensión e importancia comparables a la española. puede ser atribuida y asociada a un monumento y entorno natural tan singular y concreto como San Millán.

En San Millán de la Cogolla confluyen una serie de valores artísticos, culturales e históricos que lo hacen único. Sus dos monasterios, el de Suso o "el de arriba" y el de Yuso o "el de abajo", situados en un enclave paisajístico verdaderamente impresionante, integran un conjunto monumental de gran importancia y trascendencia. En este marco surgió el primer ejemplo histórico de la lengua española: el primer pasaje de prosa continua, una muestra de un sistema lingüístico, perfecto en sí mismo, en razón de su utilidad comunicativa, alejado ya de los esquemas latinos, con independencia lingüística consciente. Y en este mismo marco, sólo algunos siglos más tarde, escribió sus versos Gonzalo de Berceo, el primer poeta de nombre conocido de nuestra literatura.

Pero San Millán es mucho más que un conjunto arquitectónico singular, más que unas glosas en romance, más que el lugar en que desarrolló su vocación y escribió Berceo. El verdadero tesoro que encierran estos Monasterios, lo que han dado al mundo y les ha hecho merecer el reconocimiento de la comunidad internacional a través de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco es, precisamente, un patrimonio lingüístico.

La Lengua española es el medio de expresión, fluido y en incesante cambio, de una comunidad con fuerte energía social; el vehículo de convivencia y entendimiento y el vínculo de unión de todos los pueblos del mundo hispánico. De todo el devenir de la historia de nuestras naciones, el idioma sigue evidenciándose como el logro más estable, sólido, creativo y rentable, lo que supone nuestra mayor riqueza. La Lengua española representa un valor universal excepcional, en tanto que, con el concurso de todos los que la usamos, se constituye en el eje fundamental y distintivo de una de las principales comunidades del mundo, con cerca de 400 millones de hablantes.

Pero si los riojanos, como ellos mismo aseguran, no sen sienten ni dueños ni propietarios de nada y mucho menos de la lengua, de la que los españoles son copropietarios con los hablantes de Latinoamérica, sí se han sentido responsables de tan simbólico legado histórico y lo han querido hacer antes y después de su declaración como Bien Cultural de Interés Mundial, que les fue concedida el 4 de diciembre de 1997. Si San Millán constituyó el germen de una más que sobresaliente vida cultural mediante el acopio, selección y difusión de textos por parte de sus escribas e hicieron que La Rioja tuviera gran vitalismo en este sentido y que fuera en la Edad Media un núcleo creador y difusor de cultura de primer orden, quiere hoy seguir siendo un centro cultural y de visita de valor universal, donde se sigue manteniendo y promoviendo la vida monacal, académica y turística.

La misma universalidad que caracteriza al español, la lengua de una comunidad de pueblos con fuerte energía social que se expresa también mediante variedades que le son propias y contribuyen a crear su identidad. Esta diversidad es justamente signo de unidad; pues gracias a esa pluralidad lingüística, el español es una lengua universal. Sin perder el fecundo contraste de las lenguas y culturas de las dos orillas del Atlántico, el español es una lengua para todos. Además, el español se ha ido elaborando mediante el contacto entre las diversas modalidades peninsulares y americanas. Es muy significativo que sea precisamente en el Códice 60, en el que se recogen las Glosas Emilianenses, donde aparecen por primera vez, en armoniosa compañía, las primeras frases escritas en vascuence y las más antiguas expresiones del todavía naciente español.

(*) Cedido por la Fundación San Millán de la Cogolla

Las Glosas emilianenses

A los valores artísticos y al surgimiento de la primera iniciativa cenobítica estable de España, hay que sumar el hecho de que la primera plasmación escrita de la lengua romance que, evolucionada, hoy conocemos como castellano o español se produjo precisamente entre los muros emilianenses.

Allí, en el siglo XI, alguien que, como estudiante o predicador, encontraba dificultades de comprensión en determinadas expresiones del texto latino que estaba leyendo (el latín era la lengua culta en la que se escribía, pero el pueblo se comunicaba en latín vulgar, en un latín ‘degenerado’, popular y arromanzado, que luego será el castellano), hizo lo que en todo tiempo ha sido usual: anotar al lado de la expresión que le resultaba oscura otra que la tradujera, que se la hiciera comprensible.

El texto o códice (como se denominan los libros manuscritos anteriores a la invención de la imprenta y que gozan de importancia histórica o literaria) que el glosador leía es el que se conoce como Aemilianensis 60 y las anotaciones aclaratorias son las denominadas Glosas Emilianenses. Estas glosas revelan actividad erudita y condición bilingüe vascorrománica del glosador o glosadores (hay que destacar que las dos glosas vascuences son las primeras frases escritas atestiguadas en esa lengua), y con ello iluminan la situación cultural, social e idiomática de esa zona en La Rioja medieval.

La glosa supone contacto con una lengua de cultura como el latín, dominio de los mecanismos de la escritura y de la técnica lexicográfica, algo que, a su vez, presupone un centro de cultura de la importancia del monasterio de San Millán. Todo ello viene a mostrar a La Rioja, desde temprana fecha, como tierra de integración de gentes y de lenguas.

De las Glosas emilianenses, las escritas en romance eran consideradas hasta hace poco la más antigua aparición escrita de romance castellano. Estudios llevados a cabo recientemente por los investigadores riojanos Claudio y Javier García Turza sobre otro códice que se halla en la Real Academia de la Historia con la signatura 46 adelantan al siglo X las primeras palabras escritas en romance hispano. A diferencia del códice emilianense 60, el códice 46 aparece fechado el 13 de junio del año 964, con lo que no quedan dudas sobre la datación exacta de estos primeros testimonios escritos del castellano.

Si la primera plasmación escrita del español se produjo entre los muros emilianenses, la misma lengua adquiere la condición de idioma culto y, por tanto, el marchamo de universalidad, sin necesidad de cambiar de espacio físico, pues el primer poeta de nombre conocido en lengua castellana surge en el mismo Valle de San Millán: Gonzalo de Barceo. Los Milagros de Nuestra Señora, su obra cumbre, supone la más delicada muestra de la literatura descriptiva medieval, con un realismo ingenuo, pletórico de sabor popular y candoroso humanismo.

Si el Códice 46, terminado de copiar en el monasterio de la Cogolla sobre el 13 de junio del año 964, significa los inicios del castellano escrito, Gonzalo de Berceo, que vive y escribe fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIII, significa los inicios de la literatura en castellano. De ahí la importancia de San Millán para el conocimiento de los orígenes de la lengua y de la literatura españolas.